Un nuevo informe de la Universidad de las Naciones Unidas advierte que la humanidad ya vive más allá de sus posibilidades hidrológicas. El concepto de “bancarrota hídrica” describe un estado poscrisis en el que muchos sistemas de agua dulce han perdido su capacidad de recuperación en escalas de tiempo humanas, con implicancias directas para la seguridad hídrica, alimentaria y climática.
La degradación acelerada de ríos, lagos y humedales, el agotamiento sostenido de los acuíferos y el retroceso de los glaciares configuran un diagnóstico que ya no puede explicarse únicamente en términos de estrés hídrico o crisis temporales. Así lo afirma el informe “Global Water Bankruptcy. Living Beyond Our Hydrological Means in the Post-Crisis Era”, elaborado por la Universidad de las Naciones Unidas. En él se expresa una analogía económica muy elocuente: el sistema hídrico global ingresó en una nueva etapa, la de la bancarrota hídrica.
¿Pero, qué significa la “bancarrota hídrica”? El informe propone esta metáfora para describir el funcionamiento de los sistemas hídricos. Las sociedades dependen tanto de los flujos renovables —ríos, embalses, nieve o humedad del suelo—, comparables a ingresos corrientes, como de las reservas de muy lenta renovación —acuíferos y glaciares— equivalentes a ahorros a largo plazo. Durante décadas, en numerosas cuencas del mundo, las extracciones de agua han superado de manera sostenida los límites de reposición y los umbrales de agotamiento seguro.
Como resultado, “el capital natural asociado al agua se ha degradado de forma significativa. En muchos casos, los daños son irreversibles o prácticamente irreversibles en escalas de tiempo humanas, lo que hace inviable el retorno a condiciones hidrológicas previas, aún bajo escenarios climáticos favorables y con inversiones considerables”, explica el documento. Cuando esto ocurre, el sistema ya no se encuentra simplemente bajo estrés: ha entrado en bancarrota hídrica.
Una condición sistémica a escala global
El informe sostiene que la situación actual global no es la simple suma de múltiples crisis locales. Se trata de “una condición sistémica del sistema humano-hídrico, arraigada en los actuales modelos de desarrollo, producción de alimentos, generación de energía, comercio y uso del territorio”. Se aclara que, aunque no todas las cuencas o países se encuentran en bancarrota hídrica, un número suficiente de sistemas críticos ha superado estos umbrales como para alterar de manera sustancial el panorama global de riesgos.
Además, estos sistemas no están desconectados unos de otros. El comercio internacional, las migraciones, las retroalimentaciones climáticas y las dependencias geopolíticas, son tan solo algunas razones que hacen necesario reforzar la necesidad de abordar el problema más allá de escalas locales o sectoriales.
En ese sentido, uno de los aportes del informe se relaciona con la caracterización de lo que el reporte denomina “sequías antropogénicas”. El análisis apunta a que, en muchas regiones, la escasez crónica de agua no responde principalmente a anomalías meteorológicas (que actualmente están influenciadas además por el cambio climático) sino al impacto acumulativo directo de las actividades humanas tales como la deforestación, la degradación de suelos, la interrupción de los ciclos de evapotranspiración, el riego intensivo y la reducción de las masas de agua superficial, entre otros factores.
El informe señala que en este contexto los sistemas hídricos han superado sus puntos críticos (tipping points) en muchas regiones, con daños irreversibles que aceleran la degradación ambiental y el cambio climático. “La humanidad ya ha llevado el ciclo del agua dulce más allá de su espacio operativo seguro, junto con los límites del clima, la integridad de la biosfera y los sistemas terrestres”.
Epígrafe: Cambios proyectados en la probabilidad de futuras sequías debido al cambio climático. Los valores reflejan el aumento porcentual de la frecuencia de eventos futuros en relación con el período histórico (1971-2000). Las estimaciones se basan en un conjunto multimodelo que compara las condiciones futuras (2071-2100) con las líneas de base históricas, con proyecciones derivadas bajo escenarios de altas emisiones (RCP 8,5 para inundaciones y SSP 5-8,5 para sequías).
Asimismo, la combinación de sequías prolongadas y altas temperaturas incrementa la probabilidad e intensidad de incendios forestales, mientras que los suelos degradados y secos son más propensos a generar escorrentías e inundaciones repentinas ante lluvias intensas. “Este encadenamiento de eventos desafía los marcos tradicionales de gestión de riesgo, diseñados para peligros aislados y condiciones de referencia estables”, advierte el reporte.
En cuanto a la agricultura, se estima que cerca del 70% de las extracciones globales de agua dulce se destinan a este sector, y una proporción significativa depende de acuíferos que se agotan más rápido de lo que pueden recargarse. “Más de la mitad de la producción mundial de alimentos se concentra en regiones donde el almacenamiento total de agua es inestable o está en declive”, se señala. Esto podría potenciar aún más las desigualdades e incluso elevar el riesgo de conflictos sociales.
Diagnóstico negativo
El informe reúne indicadores que refuerzan el diagnóstico de una bancarrota hídrica en curso. “Más de la mitad de los grandes lagos del mundo han perdido agua desde comienzos de la década de 1990, afectando a cerca de una cuarta parte de la población global. En los últimos 50 años, se han perdido alrededor de 410 millones de hectáreas de humedales naturales, con una disminución sustancial de los servicios ecosistémicos asociados”.
Además, “aproximadamente el 70% de los principales acuíferos del planeta presenta descensos sostenidos en sus niveles, mientras que el hundimiento del terreno asociado a la sobreexplotación de aguas subterráneas afecta a millones de kilómetros cuadrados y a cerca de 2.000 millones de personas. A esto se suma el deterioro de la calidad del agua por contaminación urbana, agrícola e industrial, que reduce aún más la fracción de agua efectivamente utilizable”.
En paralelo, la pérdida acelerada de masa glaciar está erosionando una de las principales reservas estratégicas de agua dulce a largo plazo. Desde 1970, el planeta ya ha perdido más del 30% de su masa glaciar en varias regiones, comprometiendo la seguridad hídrica de poblaciones que dependen de ríos alimentados por el deshielo.
Epígrafe: Tendencias regionales en el almacenamiento de agua en el siglo XXI. El mapa muestra el cambio en el almacenamiento terrestre de agua a lo largo del tiempo, basado en las observaciones del Gravity Recovery And Climate Experiment (GRACE). Las observaciones revelan cambios significativos en el total global almacenado en la tierra, incluyendo aguas subterráneas, humedad del suelo, ríos y lagos, nieve e hielo. Las áreas amarillas, naranjas y rojas sufren de agotamiento de agua.
Frente a este escenario, el documento llama a un cambio de enfoque. Propone avanzar hacia una gestión de la bancarrota hídrica basada en “diagnósticos realistas, la prevención de daños irreversibles adicionales, la reducción y reasignación de la demanda de agua, la transformación de los sectores más intensivos en su uso y la garantía de transiciones justas”.
Epígrafe: Riesgo hídrico general en diferentes regiones del mundo. La puntuación de riesgo general refleja el valor agregado de la cantidad física de agua, su calidad y los riesgos regulatorios y reputacionales, con valores elevados que indican mayor riesgo relacionado con el agua.
Finalmente, el informe insta a los gobiernos y al sistema de las Naciones Unidas a aprovechar los próximos hitos internacionales —las Conferencias de la ONU sobre el Agua de 2026 y 2028, el cierre del Decenio de Acción para el Agua y el horizonte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible hacia 2030— como puntos de inflexión para replantear la agenda mundial del agua.
En un contexto de creciente fragmentación global, el agua se convierte en un eje potencial de cooperación. “Abordar la bancarrota hídrica no solo implica proteger un recurso crítico, sino también articular políticas e invertir en estabilidad climática, restauración de ecosistemas, seguridad alimentaria y cohesión social”, concluye el informe.
Acerca del SISSA
El Centro Regional del Clima para el sur de América del Sur (CRC-SAS), a través de su Proyecto SISSA (Sistema de Información sobre Sequías para el sur de Sudamérica), tiene como objetivos contribuir a reducir los considerables impactos económicos, sociales y ambientales de la sequía sobre la producción agropecuaria, generación hidroeléctrica, y navegación fluvial en el sur de Sudamérica, junto con mejoras en: (i) las capacidades institucionales regionales, (ii) la planificación y preparación, y (iii) la gobernanza de la gestión de riesgos.
A través de mapas y visualizaciones útiles para monitorear el estado actual e histórico de la sequía, la información que suministra es de vital importancia para anticipar los impactos esperables en sectores económicos y comunidades. Además, el SISSA fomenta la planificación y preparación anterior al evento de sequía, de manera de mitigar sus daños, aumentar la resiliencia y reducir la vulnerabilidad.
En la iniciativa participan servicios y direcciones de meteorología, agencias gubernamentales, instituciones académicas, organizaciones no gubernamentales y el sector privado de los seis países miembros del CRC-SAS: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. El intercambio de experiencias y capacidades resulta un componente clave destinado a enriquecer y fortalecer las acciones que se llevan a cabo tanto a nivel país como en toda la región sur de Sudamérica.
Sobre EUROCLIMA
EUROCLIMA es un programa financiado por la Unión Europea y cofinanciado por el gobierno federal de Alemania a través del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ), así como por los gobiernos de Francia y España. Su objetivo es reducir el impacto del cambio climático y sus efectos en 18 países de América Latina y el Caribe promoviendo la mitigación y adaptación al cambio climático, la resiliencia y la inversión.
El Programa se implementa bajo el trabajo sinérgico de siete agencias: Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Expertise France (EF), Fundación Internacional y para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas (FIIAPP), Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ) GmbH y el Programa de la ONU para el Medio Ambiente.
Acerca del sector Reducción y gestión del riesgo de desastres: sequías e inundaciones
A través del componente Gestión del Riesgo del programa EUROCLIMA+ se implementan un total de siete proyectos. Las acciones financiadas bajo este componente buscan contribuir a la gestión del riesgo de desastres, específicamente en el caso de sequías e inundaciones, tomando como referencia el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 y los compromisos adoptados por los países en su lucha contra el cambio climático. Los proyectos financiados a través de este componente están orientados a la gobernanza, planificación y desarrollo de marcos regulatorios; a la información, comunicación y alerta temprana; y a la inversión en resiliencia ante los efectos adversos provocados por inundaciones y sequías.
Para más información sobre cada proyecto visite este link: https://www.euroclima.org/index.php/es/riesgo
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