El déficit hídrico en gran parte de la Cuenca del Plata impacta en diversos sectores de la actividad económica. Causas, desafíos y oportunidades de un escenario que será cada vez más frecuente.

 

Esta es la peor sequía hidrológica desde 1981” indica la nota técnica que el CEMADEN de Brasil (Centro Nacional de Monitoreo y Alerta de Desastres Naturales) publicó a fines de mayo, en la  que analiza en profundidad la sequía intensa y las consecuencias que el fenómeno está trayendo en toda la región.

La cuenca del Río Paraná viene presentando precipitaciones por debajo de lo normal desde hace 22 años, pero esta situación se ha agravado en los últimos 2, indica el informe. En efecto, los índices basados en datos de precipitación indican que grandes porcentajes de la cuenca se encuentran actualmente con condiciones de sequía grave y excepcional.

 

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La consecuencia inmediata del déficit de precipitaciones (mientras el consumo del recurso continua en aumento) es la pronunciada bajante que se registra en los ríos Paraná y Paraguay, que presentan valores mínimos récords, tal como lo informó la Dirección de Meteorología e Hidrología de Paraguay.

 

La disminución de los caudales rompe récords. En las cataratas del Iguazú, actualmente el caudal es de apenas 400 mt3 por segundo, cuando su media mínima es de 1500 a 2000 mt3 por segundo.

Esta situación está impactando en diversos sectores de la actividad productiva en los países de la región. Lucas Chamorro, Jefe de Hidrología de la Central Hidroeléctrica Binacional Yacyretá, explica: “Tanto la cuenca alta como la intermedia, presenta déficits. Esto provoca afluencias de entre 5000 y 6000 mt3 por segundo. La media, es del orden del 14500 mt3 por segundo. Es terrible. Los embalses ya están en sus niveles mínimos porque el nivel de acumulación se ha agotado. Yacyretá está produciendo energía a menos de la mitad de su capacidad de generación”.

En Argentina, dramáticas imágenes de la bajante del río Paraná circulan en medios y redes sociales. Juan Borús, hidrólogo del INA (Instituto Nacional del Agua), señala los sectores que están siendo afectados por la bajante de los ríos. “Las tomas de agua urbana, la navegación fluvial, la fauna íctica; la inestabilidad de márgenes; el problema de la calidad de aguas en lo que hace a los contaminantes y a los sedimentos. También el problema de la floración algal va a tener su afectación; el turismo; la hacienda en isla. Los impactos son múltiples.” Por si esto fuera poco, las tendencias climáticas trimestrales indican que las precipitaciones se mantendrán por debajo de la media, lo cual es un escenario propicio para la proliferación de incendios.

A propósito de la perspectiva para los próximos meses, Adriana Cuartas, Investigadora del CEMADEN, advierte: “Lo peor es que estamos saliendo de la estación lluviosa con déficits y entrando en la estación seca. Esto va a empeorar la situación.” Acerca de la probabilidad de que vuelva a darse un evento Niña, la especialista indica: “Aquí en Brasil, La Niña genera lluvias en la parte norte, pero genera sequías en la parte sur. Si se configurara una Niña, la región del sur estará muy comprometida, sobre todo las zonas del río Paraná y el río Uruguay.”

 

Cambio Climático y medidas de adaptación

La OMM (Organización Meteorológica Mundial) elaboró un comunicado en el que informa que los fenómenos relacionados con el agua son los grandes responsables de los desastres de los últimos 50 años. Y, entre estos fenómenos, la sequía es el que mayor cantidad de pérdidas humanas ha generado.

La comunidad científica advierte que el Cambio Climático favorece un aumento en la intensidad y frecuencia de los fenómenos extremos.  Así, todo indica que el futuro depara una alternancia entre eventos extremos de lluvias y eventos de sequías y que es necesario adoptar medidas de adaptación y respuesta. En esta dirección, Adriana Cuartas sostiene: “Vamos a tener eventos de lluvias extremas, inundaciones, deslizamientos. Las sociedades deberán aprender a guardar esa agua para poder sobrevivir cuando llegue la sequía prolongada. Ya hay embalses. Pero todavía hay mucho que las personas y las industrias pueden hacer, y los Gobiernos pueden trabajar sobre programas en esa dirección, para promover soluciones más locales”.

Los especialistas coinciden en que el escenario actual en la cuenca del plata puede aprovecharse en varios sentidos. “En Yacyretá, debido a esta situación se está reparando y haciendo el mantenimiento del parque generador, para que cuando la naturaleza nos vuelva a entregar el preciado líquido, podamos aprovecharlo al máximo”, explica Chamorro.

Por su parte, a nivel de infraestructura local, Borús indica que la bajante actual del Paraná puede aprovecharse “para resolver los problemas de las tomas de agua y hacerlos más versátiles, que sean más parecidas de una ciudad a otra, para que las soluciones sean más fáciles de replicar de una ciudad a otra; y el costo logístico de adaptación sea menor.”

Se trata de problemas globales que requieren respuestas locales y el trabajo coordinado de múltiples países e instituciones. Y en la base de este desafío está la necesidad urgente de tomar conciencia sobre el uso racional del agua.